CON GUIÓN DE JOSÉ PIÑERA

Hay cosas que jamás se filmarán pero que deberían ser filmadas. La reciente aparición de José Piñera en la palestra pública me recordó el impacto que me causó, una noche de navegación, encontrarme con su página web (www.josepinera.com).

A modo de stablishment-shot, consúltese el resumé de su gestión como funcionario público en wikipedia.

La ocasión de la epifanía fue el libro donde narra la trastienda de la reforma laboral de Pinochet. Creo que no puedo precisar qué es exactamente lo que me impresiona tanto. Haré un intento, sin duda fallido e incompleto.

Primero, todo sucede en la cabeza de José Piñera Echeñique. Por eso en el libro no hay ninguna solución de continuidad entre las opiniones más delirantes, divulgación de conceptos neoliberales, narcisismos soplavergas del mundo chicago boy, panfleto anticomunista y la narración de vericuetos en el gobierno de la época. Pero todo sucede en la cabeza de José Piñera no en el sentido de la pelicula sobre la cabeza de John Malkovich, sino en el sentido de Solaris. Piñera es como el científico cuya fantasía suprema era tener un suministro inagotable de enanos para hacer experimentos.

Segundo, el discurso de Piñera es totalmente autoinmune: transforma todo el relato en una suerte de hagiografía.

Tercero, narra intrigas internas al gobierno militar de un modo que siempre es iluminador para alguien que contempla, no sólo desde la "otra orilla" del río, sino desde la mayoría anónima.

Cuarto, la violencia no existe, o si existe, se la trata como un dato anecdótico y folklórico. Pero, por defecto, no está en el castatro de entidades que reconoce el discurso de José Piñera. Hay unos vagos "otros", seminombrados, y cuyas propiedad más salientes son las ideas retrógradas, el ser unos pervertidos o el estar dominados por las pasiones: en buenas cuentas, gente irracional.

Quinto, coincide con el episodio de guerra inminente con Argentina.

Botones de muestra de los puntos anteriores:

El inicio de relato. Nótese el sentido del suspense de la secuencia inicial: "Cuando el Presidente Pinochet me recibió en su oficina a las cinco de la tarde de ese viernes 22 de diciembre de 1978, me hizo un ofrecimiento que iba a cambiar mi vida. Quería que entrara al gabinete y me advirtió que estábamos en un momento extraordinariamente difícil en la vida del país". El momento al que se refiere era la combinación de dos coyunturas: la guerra inminente con Argentina y un boicot comercial a chile impulsado por el sindicalismo norteamericano (triunfo de una "campaña de desinformación" orquestada desde Chile y que era "una traición a la patria"). Años después sabría que "mientras me reunía con el Presidente, la escuadra argentina ya iba rumbo al sur, a invadir las islas chilenas". Para rematar, agrega: "Desde fuera la situación se veía distinta. De hecho, en esa cálida tarde veraniega y de ambiente navideño, eran seguramente muy pocos los santiaguinos que tenían plena conciencia de estar viviendo instantes críticos". Debería dirigir John McTiernan.

Una vez terminado el brief de Pinochet, Piñera, un doctorado en economía en Harvard de treinta años, pidió la palabra para explicarle cuál era su "visión": "Noté una mezcla de extrañeza y curiosidad en sus ojos. Seguramente lo intrigó saber qué se proponía este joven. El mandatario titubeó por un instante y después asintió con la cabeza. Entonces hablé con convicción y entusiasmo del sueño de convertir a Chile en un país desarrollado...". Realmente Pinochet era un personaje excéntrico, cualquier otro dictador le pone camisa de fuerza...

Otros momento culminantes:

Conoció por primera vez a Pinochet dictando una conferencia frente a la junta y al gabinete sobre "los costos del socialismo" y la "ruta del crecimiento acelerado". Al final de la conferencia, Pinochet ofreció el micrófono a los oyentes para que hicieran preguntas. Piñera rememora: "incluso creí ver que se dirigía especialmente al general Gustavo Leigh, comandante en jefe de la Fuerza Aérea, el único miembro de la Junta de Gobierno que desconfiaba del modelo económico liberal, quien algunos meses después sería removido de su cargo. Ninguno aceptó el ofrecimiento" (¿Alguna preguntita...los weones??).

De Pinochet: "Conmigo era extremadamente amable. Recuerdo que ante mi curiosidad insaciable, más de una vez desvió el helicóptero presidencial sobre el desierto de Atacama para mostrarme desde el aire el lugar preciso donde había tenido lugar una batalla de la Guerra del Pacífico. No quedaba la menor duda que uno estaba frente a un general".

Frases célebres:

"La televisión no engaña. No permite duplicidades."

(Hablando de sus encuentros con Tucapel Jimenez en el '79): "Muchos años después sería victíma de un crimen canallesco" (ocurrió el '82).

Con tono humorístico, recuerda que Pinochet iba a "exportar" en un Jumbo a unos dirigentes sindicales que promovian el boicot comercial y que, en sus pesadillas, también se "veía "exportado" en el famoso Jumbo, ¡al lado del Grupo de los Diez!".

Hace poco constaté que no era el único impresionado por la retórica de José Piñera: jluclaboral.blogspot.com. La cita que preside ese blog se encuentra en el mismo libro que quiero llevar a la pantalla grande: "La normativa laboral chilena (anterior a Pinochet) fue hija de corazones sangrantes y de razonamientos débiles". Creo que concursaré a un subsidio público.

(Por último, ¿es idea mia o la portada del libro tiene un filete con los colores del PPD?)