Las parafilias de los cineastes DC chilenos: un nuevo integrante
Justo cuando mi serie sobre las parafilias de los cineastas DC chilenos empezaba a oler a Naftalina Reyes, la historia hace su trabajo y me absuelve.
"La Nana" ha estado en el ojo del tornado. Se trata de material radioactivo. Procedamos despejando una cuestión básica: Simpática subjetiva costumbrista, dedo en llaga tolerable para hiper e hipoburguesia. Irónico con los valores bienpensantes, bondadosos y disciplinantes. Preciso con pequeñeces e idiosincracias. A pesar de la amenaza, nadie sale mal herido. Se agradece una mano cinematográfica que si bien no es virtuosa, no esta contaminada por la publicidad.
Pasemos entonces a lo que importa: no es una pelicula sobre nanas ni sobre dominación de clases (o sus dialécticas, como en El Sirviente). Nada de Upstairs Downstairs. Queda, entonces, la deuda. O más exactamente, si aborda el asunto, el ángulo es otro: la soledad sexual de la nana. La pregunta central de la pelicula: ¿cual es la sexualidad de una nana puertas adentro? Respuesta: jugeteos pueriles con el puber de la casa, una relacion de complicidad con sus poluciones. Una rivalidad con la niña, en la que ciertamente triunfa: acaba por ser consentida no solo por la madre, sino por la propia niña. En fin, absorcion en los juegos edipicos de la casa patronal, al punto que hay una conexión casi necesaria entre la atrofia sexual del personaje y su devocion neurótica a la familia.
Ocurre entonces que la infelicidad crónica de la nana no tiene que ver con su lugar en las relaciones de producción: su frustracion es de orden sexual.
He aqui que, reconozco, me sorprendió el giro de la pelicula: la aparicion de la presidenta Bachelet (gestionada por la señora de la casa, para encontrar un partner a esta criatura). Una mujer dulce e inteligente, de lentes y pelo corto, de conextura màs gruesa que delgada, que reconoce bajo la mascara de amargura y hostilidad usualmente atribuida de modo exclusivo a la violencia de clase, una soledad espantosa, signada por el desprecio a si misma y la precariedad de las herramientas de construccion de si .
La escena clave es Bachelet que se desnuda frente a la nana: contrarresta con adultez su agresividad pueril, respondiendo no tanto con un desafio a la institución que supone proteger, sino con algo más radical: una oferta gratuita y audaz de total intimidad y complicidad.
De ahi en adelante es coser y cantar. Por innumerables razones, internas y externas a la pelicula, la relacion no se consuma. Se llega entonces a una solucion de compromiso: Bachelet vino a enseñarle a la nana a quererse a si misma. El acto sexual no es la solución, como lo muestra todo el periplo en que participa Luis Dubó (y como nos lo repiten una y otra vez los cineastas chilenos, desde El Rumpy hasta Lelio). Es verdad que hay explotacion y dominacion, pero también es posible darse una tregua, escuchar el mp3 y salir a trotar.
Aplicando el nunca bien ponderado principio de caridad sobre el extraño final de la película, se puede colegir una curiosa tesis: los seres humanos podemos amar en soledad, en el ejercicio de practicas de si. Quizàs sea una pequeña utopia. Pero he ahi, supone el film, la posibilidad vivir una soledad satisfactoria.
Por su ánimo humanista cristiano y por pasar gato por liebre, introduciendo el tema de la nana para hablar de la homosexualidad, La Nana pasa a los anales de la serie Parafilias de los Cineastas DC Chilenos.
































































































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