Las parafilias de los cineastas DC chilenos 2: Sergio Castilla

Las parafilias de Sergio Castilla.

No era chiste. Esta es la continuación prometida de nuestra aclamada serie "depravaciones de cieneastas DC chilenos", que empezáramos con Andrés Wood. De Sergio Castilla he visto dos filmes: Gringuito y Te Amo (Made in Chile). No he tenido el displacer de ver Gentile Alouette. La primera es la versión postdictadura de Largo Viaje. Narra las peripecias de un niño sopranino hijo de exiliados que se pierde en el Chimba durante su primera visita a Chile y la amistad que entabla con un changarín de la Vega. Todavía no tengo claro exactamente de qué se trata la película. Probablemente porque el tema es la vida simplemente: la ternura, la ingenuidad, los sentimientos nobles, la capacidad innata de los seres humanos de reconocer la belleza. Es decir, todo lo que el cine chileno, la sociedad chilena, hiperpolitizado, hipermonetarizado, tiende a despreciar. Es una concepción old school de la misión del arte. ( ¿Habrá pensado Castilla que tendría mejor fortuna y más reconocimiento con esa película del que tuvo? ¿Quiso convertirse en un actor protagónico del cine chileno? Me late que ese pensamiento cruzó su caletre como un pez dorado. Pero ¿cómo? ¿con qué redes? ¿quiénes son sus amigos? Y ¿cómo, si lo que haces tiene que ver contigo, con tus preferencias y rollos, sin hacer bien los cálculos (o los cálculos bien, más bien)? La ingenuidad de Castilla es un procedimiento, no sólo un tema. Pero, en fin, dio la pelea. Parece que se rindió). Si el tema de Gringuito es el que he señalado, debe reconocerse que el uso de la pedofilia como un fantasma que recorre la película es un dispositivo osado por su doble filo. Es como un relay que cambia el polo de lectura de la película, llevando las cosas otro plano. Finalmente, es la historia de un no-pedofilia, de una pedofilia redimida.

Habrá que ver la película de nuevo para ahondar en esa película otra, pasada de contrabando al propio autor: Te Amo (Made in Chile). También protagonizada por menores en condición de desarraigo cultural y familar, aborda directamente la cuestión de la pedofilia. Tamara Acosta es una nana que mantiene una tóxica relación con el adolescente de la casa (personificado por el propio hijo de Castilla). Como dice Christián Ramirez, hay un problema de dirección que concede poco desarrollo a esta relación, el corazón dramático del film y probablemente lo mejor de la película. Mucho precioso celuloide se gasta en registrar las destempladas y artificiosas conductas de la bandapart del adolescente. Estos amigos logran acabar con esa mórbida relación. Nuevamente hay una suerte de salvación de la pedofilia gracias al poder de la solidaridad y del amor. Extraño tema, nuevamente, para vertebrar una filmografía. Filifor forrado de niño.

Próximamente: las gerontofilias de Silvio Caiozzi.