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SANFIC- HUNGER Y LA VOLUNTAD EN LA IMAGEN
Enviado por joségarrido el Mié, 19/08/2009 - 14:57.Para los que hemos dedicado parte de nuestras vidas a escudriñar en textos filosóficos clásicos, resulta -por decirlo menos- hermoso constatar las posibilidades que entrega la pantalla grande, el guión y el montaje de imágenes, para la elaboración de un argumento, que el árido discurso filosófico jamás podrá develarnos.
Ayer en el marco de Sanfic se estrenó en Chile, Hunger (2008, 35mm), coproducción inglesa e irlandesa del director Steve McQueen, que retrata la prisión de un grupo de hombres pertenecientes al I.R.A, durante el gobierno de Margaret Thatcher, el año 81.
Podríamos comentar aspectos políticos que necesariamente llevan a opiniones diversas. Sea el papel que juega el I.R.A como movimiento insurgente que invoca valores republicanos a cualquier precio, o bien, el carácter de los ingleses -sobre todo los conservadores- en la forma de gobernar, no son precisamente tópicos de los cuales exista un real consenso. Pero, esta película nos habla de otra cosa más fundamental. Nos habla de la voluntad.
No pude, mientras transcurría el relato, dejar de recordar uno de los textos de filosofía moral más importante que nos ofrece la historia de la filosofía: La Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres de Immanuel Kant. No entraré en los típicos detalles sobre si él incurre en un excesivo formalismo o si su comprensión del término 'moral' no atiende a nuestras prácticas morales relevantes. Todos estos son problemas academicistas, que alimentan los estómagos de nuestras universidades. Más bien, espero traer esta obra más acá, so pretexto de recomendar tan buen trabajo fílmico.
Para ello, simplemente quiero partir de un par de premisas y señalar cómo Hunger resulta un trabajo filmográfico que atiende, por una parte, a la sustancia de la filosofía kantiana y, por otra, que además lo hace por medio de imágenes que nos retratan -de una manera sublime- lo más hondo de la humanidad: su libertad.
Sin extenderme en demasía, hay que decir que la filosofía kantiana, como toda auténtica filosofía, atenta contra el sentido tradicional y -a veces- cotidiano de los términos. Kant hace esto con dos conceptos: libertad y moralidad.
La primera es usualmente comprendida como una determinación positiva, es decir, como la libertad que tenemos para realizar algo. En un sentido político, esto se traduce en la idea de 'no interferencia'. Es decir, en que como un ser humano libre poseo derechos. Así, con éstos se define mi marco de acción, en la medida que otros individuos tienen restricciones a entrar en aquel dominio que me pertenece.
En este contexto, la moralidad es usualmente entendida como 'sociabilidad', por ejemoplo, como al capacidad que tenemos para cooperar o no. Esta idea viene de antiguo, pasando por autores de la talla de Hugo Grocio, David Hume o Adam Smith.
Pero Kant invierte las cosas y entiende la moralidad como 'lo incondicionado'. Dicho en pocas palabras: la moralidad es la capacidad que tenemos de autodeterminarnos, es decir, de actuar con independencia de cualquier determinación social, de cualquier-diría oscuramente Kant- condición empírica. De este modo, Kant aisla la moralidad, la vincula a la libertad y eso lo hace anclándola en la voluntad. En ella emerge eso que él llama audeterminación, es decir, autonomía. La autonomía, entonces, no es sino la capacidad de darse a sí misma -la voluntad- su legalidad racionalmente fundada.
Pero todo esto queda en un discurso academiscista que es incomparable frente a las imágnes que nos entrega Hunger.
Ya el título del trabajo es insinuante: "hunger" apunta una de las necesidades más básicas del hombre: la alimentación. Es decir, desde la perspectiva kantiana nombre una de las condiciones empíricas más relevantes y, por lo mismo, amorales. No obstante, Hunger retrata una dimensión que sólo la voluntad puede encaminar: una huelga de hambre.
Sin entrar en detalles sobre el film propiamente tal, la historia nos muestra la dimensión política a la cual está posibilitada la voluntad. En off, la voz de Margaret Thatcher recuerda un elemento ideológico de la historia. A los integrantes de la I.R.A se les despojó de su "political status", algo así como de su condición de humanos. El discurso que, de vez en vez, emerge a las espaldas del dramático acontecer es consistente: los conservadores no están para negociaciones y, como sabemos, definen este tipo de actividades como terroristas, simplemente como "violencia". Frente a esto, la protesta de los encarcelados consiste en despojarse del más básico autocuidado: ropas y aseo, rompiendo así con todo sentido de sociabilidad. En medio del film, que hasta entonces ha transcurrido en la quietud minimalista y los brutales atropellos de la "democracia" inglesa, da paso a una conversación que sostiene el personaje principal con un sacerdote católico. Ahí cobra sentido -en el diálogo- la posición del insurgente. Este último nos recuerda la diferencia entre actuar conforme al deber patrio y la unidad republicana o esperar la sumisión y las condiciones injustas que históricamente pone Inglaterra a los irlandeses. El protagonista le dice al sacerdote que son sus "razones" lo que lo convencen y nada más. Por tanto, no dará pie atrás. El sacerdote queda descolocado y caricaturizado como un mero oficial de la Iglesia. En el climax el sacerdote le pregunta por su hijo, apelando a la más básica sensibilidad del humano: Fuck off! -le responde nuestro protagonista.
Es, en este diálogo, que se hace comprensible la protesta; el hambre no es sólo una necesidad, sino que una posibilidad de la humanidad, a saber, una determinación de la voluntad. La historia, por tanto, no trata sobre si la acción del I.R.A es justa o no, ni nos habla con melancolía de algún proyecto utópico. Tampoco llora las violaciones a los derechos humanos: no es un panfleto.
El mensaje subyacente es que -en lo humano- la determinación de la voluntad es fundamentalmente política. El descenlace no se deja esperar, pero el cine, como ninguna otra plataforma discursiva, enseña el fin. La muerte y la protesta se congregan y son, al mismo tiempo, un comienzo. Que sea un hecho histórico puede ser relevante, pero podría no serlo. Lo relevante es que, en efecto, el hambre es una posibilidad que no sólo puede ser pensada, sino que -más fundamental- llevada a cabo voluntariamente.
Lo que la película finalmente nos muestra es algo que resulta poco comprensible en el trabajo de Kant: el deber. El deber como obligación no tiene condiciones, no negocia, pero no lo hace, porque algo más fuerte gobierna a la voluntad, algo -por decirlo así- que no es de este mundo. Por eso, que el mismo Kant pensó una "metafísica de las costumbres", una que por cierto, como la huelga de este hombre, cambió la historia de este mundo.






























































































